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De la entrada que escribí ayer (y que por cierto apareció inmerecidamente en la portada de Menéame), me quedo claro una cosa: que en muchos casos nos limitamos a leer sólo el título de las noticias. Y yo soy el primero en reconocerlo: en mucho casos voto por noticias que ni he leido ni he contrastado.

La sensación que tengo es que cada vez nos estamos volviendo más vagos (no solo en cuanto a la lectura) y obsesionados con la cantidad de información: queremos asimilar la mayor cantidad de información posible en el menor tiempo posible y si es factible que tengamos que esforzarnos lo mínimo, de tal manera que para nosotros es un incordio tener que detenernos dos o tres minutos con una noticia.

El problema de no leer con detenimiento las noticias y contrastarlas es que nos convertimos en personas más fácilmente manipulables (me viene a la mente aquella celebre frase de Göbbels : “Una mentira repetida mil veces se convierte en una realidad” ) hasta el punto de que nos creemos (casi) todo los que vemos, escuchamos y leemos.

Al leer solo los títulos de la noticia asumimos como cierta la opinión (o interpretación) de quien escribe la noticia o de quien la envia a un agregador de noticias cualquiera. Por este motivo es posible que una misma noticia, puede tener interpretaciones totalmente distintas dependiendo de la fuente que consultemos o incluso del usuario que la envie.

A mi esto me recuerda a ciertos hábitos alimenticios: comer cualquier tipo de comida basura, a toda prisa y sin tener que movernos demasiado.

¿Cual es mi consejo? Que no estaría mal olvidarse del reloj de vez en cuando y sentarse en un parque (o en un sofá de una biblioteca) y pararnos a leery analizar las cosas con un poco más de calma.



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